viernes, 15 de mayo de 2015

El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista
John Holloway*
P
ensamiento crítico: pensamiento que busca la esperanza en un mundo donde parece que ya no existe; que abre lo cerrado, que sacude lo fijo. El pensamiento crítico es el intento de entender la tormenta y algo más. Es entender que en el centro de la tormenta hay algo que nos da esperanza.
La tormenta viene, o más bien ya está aquí. Ya está aquí y es muy probable que se vaya intensificando. Tenemos un nombre: Ayotzinapa. Ayotzinapa como horror, y también como símbolo de tantos otros horrores. Ayotzinapa como expresión concentrada de la cuarta guerra mundial.
¿De dónde viene la tormenta? No de los políticos, son ejecutores de la tormenta nada más. No del imperialismo, no es producto de los estados, ni de los estados más poderosos. La tormenta surge de la forma en la cual la sociedad está organizada. Es expresión de la desesperación, de la fragilidad, de la debilidad de una forma de organización social que ya pasó su fecha de caducidad, es expresión de la crisis del capital.
El capital es de por sí una agresión constante. Nos dice todos los díastienes que moldear lo que haces de cierta forma, la única actividad que tiene validez en esta sociedad es la que aporta a la expansión de la ganancia del capital.
La agresión que es el capital tiene una dinámica. Para sobrevivir tiene que subordinar nuestra actividad cada día más intensamente a la lógica de la ganancia: hoy tienes que trabajar más rápidamente que ayer, que agacharte más que ayer.
Con eso ya podemos ver la debilidad del capital. Depende de nosotros, de que queramos y podamos aceptar lo que nos impone. Si decimosperdón, pero hoy voy a cultivar mi milpa, u hoy voy a jugar con mis hijos, u hoy me voy a dedicar a algo que tenga sentido para mí, o simplemente no nos vamos a agachar, entonces el capital no puede sacar la ganancia que requiere, la tasa de ganancia cae, el capital está en crisis. En otras palabras, nosotros somos la crisis del capital, nuestra falta de subordinación, nuestra dignidad, nuestra humanidad. Nosotros somos la crisis del capital y orgullosos de serlo, estamos orgullosos de ser la crisis del sistema que nos está matando.
El capital se desespera en esta situación. Busca todos los métodos posibles para imponer la subordinación que requiere: autoritarismo, violencia, reforma laboral, reforma educativa. También introduce un juego, una ficción; si no podemos sacar la ganancia que requerimos, vamos a fingir que existe, a crear una representación monetaria para un valor que no se ha producido, a expandir la deuda para sobrevivir y tratar de usarla al mismo tiempo para imponer la disciplina que se requiere. Pero esta ficción aumenta la inestabilidad del capital y además no logra imponer la disciplina necesaria. Los peligros para el capital de esta expansión ficticia se vuelven claros con el colapso de 2008, y con eso se hace más evidente que la única salida para el capital es a través del autoritarismo: toda la negociación alrededor de la deuda griega nos dice que no hay posibilidad de un capitalismo más suave, el único camino para el capital es el camino de la austeridad, de la violencia. La tormenta que ya está, la tormenta que viene.
Nosotros somos la crisis del capital, nosotros que decimos no, nosotros que decimos ¡ya basta del capitalismo!, nosotros que decimos que es tiempo de dejar de crear el capital, que hay que crear otra forma de vivir.
El capital depende de nosotros, porque si nosotros no creamos ganancia (plusvalor) directa o indirectamente, entonces el capital no puede existir. Nosotros creamos el capital, y si el capital está en crisis, es porque no estamos creando la ganancia necesaria para la existencia del capital, por eso nos están atacando con tanta violencia.
En esta situación, realmente tenemos dos opciones de lucha. Podemos decir Sí, de acuerdo, vamos a seguir produciendo el capital, promoviendo la acumulación de capital, pero queremos mejores condiciones de vida. Esta es la opción de los gobiernos y partidos de izquierda: de Syriza, de Podemos, de los gobiernos en Venezuela y Bolivia. El problema es que, aunque sí pueden mejorar las condiciones de vida en algunos aspectos, por la desesperación misma del capital existe muy poca posibilidad de un capitalismo más humano.
La otra posibilidad es decir Chao, capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos, entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas.
Aquí en este seminario estamos en el mero centro de esta segunda opción. Este es el punto de encuentro entre zapatistas y kurdos y miles de movimientos más que rechazamos el capitalismo, tratando de construir algo diferente. Todas y todos estamos diciendo Ya, capital, ya pasó tu tiempo, ya vete, ya estamos construyendo otra cosa. Lo expresamos de muchas maneras diferentes: estamos creando grietas en el muro del capital y tratando de promover su confluencia, estamos construyendo lo común, estamos comunizando, somos el movimiento del hacer contra el trabajo, somos el movimiento del valor de uso contra el valor, somos el movimiento de la dignidad contra un mundo basado en la humillación. Estamos creando aquí y ahora un mundo de muchos mundos.
Pero, ¿tenemos la fuerza suficiente? ¿Tenemos la fuerza suficiente para decir que no nos interesa la inversión capitalista, no nos interesa el empleo capitalista? ¿Tenemos la fuerza para rechazar totalmente nuestra dependencia actual del capital para sobrevivir? ¿Tenemos la fuerza para decir un adiós final al capital?
Posiblemente no la tenemos, todavía. Muchos de nosotros que estamos aquí tenemos nuestros sueldos o nuestras becas que vienen de la acumulación del capital o, si no, vamos a regresar la semana próxima a buscar empleo capitalista. Nuestro rechazo al capital es un rechazo esquizofrénico: queremos decirle un adiós tajante, y no lo podemos o nos cuesta mucho trabajo. No existe pureza en esta lucha. La lucha para dejar de crear el capital es también una lucha contra nuestra dependencia del capital. Es decir, es una lucha para emancipar nuestras capacidades creativas, nuestra fuerza para producir, nuestras fuerzas productivas.
En eso estamos, por eso venimos acá. Es cuestión de organizarnos, claro, pero no de crear una organización, sino de organizarnos de múltiples maneras para vivir desde ahora los mundos que queremos crear.
¿Cómo avanzamos, cómo caminamos? Preguntando, por supuesto, preguntando y abrazándonos y organizándonos.
* Profesor del posgrado en sociología en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Este es el texto de una ponencia presentada al Seminario sobre el pensamiento crítico frente a la hidra capitalista.
Hacia la silla del poder
Abraham Nuncio
T
odos sabemos, como decía Napoleón, que la guerra y las elecciones se ganan con billetes. En El poder de la silla, un documental dirigido por los periodistas y cineastas de Monterrey Diego Osorno y Andrés Clariond Rangel, el que así habla es el ex gobernador priísta Benjamín Clariond Reyes-Retana.
Que se sepa, Napoleón no acuñó esa frase, pero las elecciones en México sí se han ganado con billetes. Esto se pretende mantener en las que tendrán lugar el próximo 7 junio en Nuevo León. Por las figuras empresariales que la acompañan (Cemex, Vitro), la candidata del PRI al gobierno del estado, Ivonne Álvarez, menos pareciera querer formar gobierno que formar una sociedad anónima: una de las variantes de esta figura es la asociación público-privada, que ella propone en el manido y demagógico supuesto de que así se crearán más fuentes de trabajo. En la práctica, la figura de la APP no es otra cosa que legalizar la corrupción. Hasta ahora corruptores y corruptos han sido cómplices; en adelante serán socios.
Lanzada como puntera, y después de rehuir un par de debates, su posición en la intención de voto ha ido disminuyendo. A un mes de las elecciones, las encuestas, que con frecuencia acompañan la propaganda de quienes las pagan, le resultan adversas. El Norte y Hora Cero la ubican en el segundo lugar, y Saba Consultores en el tercer lugar, después de Rodríguez, el candidato independiente, y de Felipe de Jesús Cantú, el candidato del PAN. Dos diarios identificados con el PRI ( El Horizonte y ABC) la siguen manteniendo en primer lugar. El apoyo básico de Álvarez es el inducido desde el gobierno de Rodrigo Medina, pero ya le resulta contraproducente, como ocurrió a raíz de un acarreo de estudiantes de la universidad pública y, después de ese episodio envilecedor y atentatorio contra la autonomía universitaria, de otro donde participaron trabajadoras del IMSS. A grito desnudo corearon el apodo del independiente Rodríguez y culparon al PRI de su situación. Fue peor que un abucheo. Pero nada envenena más su campaña que la contracampaña de los escándalos en el seno de la familia Medina, en el poder.
El candidato del PAN, un político joven, ha sido alcalde de Monterrey –mezcla de credenciales aceptables y comisión de actos propiciatorios de la criminalidad en la capital de Nuevo León– y diputado federal. Ha podido conservar el segundo lugar en la mayoría de las encuestas; su campaña, empero, no ha podido avanzar lo suficiente para disputar el triunfo con fuerza. Son varios sus lastres: la presencia de un grupo vinculado al juego de azar, que antes estuvo al lado de Margarita Arellanes, la actual alcaldesa de Monterrey, y a la cual su defección le hizo perder la candidatura, y el grupo panista leal a ésta, en el que bulle el resentimiento; por otro tercer lado, el desafecto del sector identificado con el primer neopanismo y otros sectores.
Para reforzar la candidatura de Cantú se programó una serie de intervenciones con ciertas figuras de su partido: Josefina Vázquez Mota, Felipe Calderón, Santiago Creel y Diego Fernández de Cevallos. Salvo Vázquez Mota, las demás se hallan en el polo opuesto de la autoridad moral: fraude electoral, promoción de los casinos (la tragedia del Casino Royal es llaga viva), corrupción a puños.
Para el Blog del Bufón: Felipe Calderón, cuyo gobierno practicó el terrorismo de Estado, descalificó a El Bronco motejándolo de peligro para Nuevo León. El independiente pudo haberle agradecido, si no los votos de originalidad, sí la propaganda gratuita, hasta con elegancia. Respondió en buen lumpen.
Todos los partidos, desde el inicio de la campaña, han querido establecer una alianza con Fernando Elizondo, el candidato del partido Movimiento Ciudadano. Le ofrecen el área que más conoce: las finanzas. El candidato de Morena ofreció un dream team, con otros de los candidatos participantes en la contienda, incluido, por supuesto, Elizondo. Ejercicio ficticio, sin duda; pero una coalición verdadera con sectores honestos de derecha-izquierda-centro y un programa concertado, posible e incluyente constituiría un poder público con un mecanismo interno de control y equilibrio, valores por ahora ausentes en el plano estatal y nacional.
La condición de que pudiera avanzar tal fuerza coaligada sería lo que desde abril de 2001 ha sido desterrado del discurso de líderes y partidos políticos: una profunda reforma del gobierno y del Estado. Sin ella, Nuevo León y el país continuarán sumidos en la actual crisis política.
En México las alianzas han tenido un carácter muy primitivo. Son la vía para repartirse el botín. No tienen la función de ofrecer, mediante la deliberación entre los partidos concurrentes, lo urgente: una transición democrática real hacia una sociedad cuyos ejes centrales serían la igualdad como un sistema garantista de compensaciones y nivelación social, la libertad no predeterminada por la capacidad económica de los individuos, la justicia social cuyo cumplimiento se fue extenuando desde el Pacto Obrero Industrial de los años 40.
Mientras no se apele a un cambio de régimen con esas o características similares, las elecciones no pasarán de ser una renegociación entre ricos o patrocinadores con billetes –legales e ilegales– y el gobierno. Y su complemento: la compra de voluntades y la participación de los sectores medios de muy variopinta situación en las fictas urnas para darle al cambio de personajes en el gobierno una laqueada de legitimidad.
¡Iztaccíhuatl despertó!
Gabriela Rodríguez
E
n medio del inmenso valle del Anáhuac hacen su presencia Popocatépetl e Iztaccíhuatl; la montaña humeante exhibe nieves perpetuas a 5 mil 482 metros de altura y la mujer blanca las luce a 5 mil 386 metros y eso que está acostada. Roto de dolor por las condiciones del país, el Popo echa humo, cenizas y piedras ardientes. Iztaccíhuatl ha preferido acumular su energía, se ha estado preparando para este momento, representa la fuerza del agua, cuentan que en sus faldas eran sepultadas las doncellas muertas por mal de amores. En esas montañas escurren las aguas que vivifican los campos, y que tanta falta nos hacen, a los vivos. Tal vez por eso hoy y siempre son las mujeres las que luchan por el agua.
En mi delegación falta el agua. Lo confirman y demandan una y otra vez las candidatas de Morena: Bertha Luján, Rocío Mejía (ver mis colaboraciones anteriores: La Jornada,20/2/15 y 3/4/15). Iztaccíhuatl penetra y se levanta en el cuerpo de las mujeres, despierta y se asoma con sabiduría milenaria, y con agua quiere calmar la violencia, la violencia de la contienda electoral: masculina, callejera y bárbara, incivilizada y brutal. A madrizas y golpes de dinero los señores del PRI-Verde, del PAN y del PRD quieren ganar las elecciones. Las enormes olas del mar de fondo son brazos de Iztaccíhuatl que se impusieron sobre nuestras costas, para que no nos falte el agua. ¿Qué otros candidatos hablan del agua? ¿Acaso los del Verde? Parece broma, ellos sólo entienden del verde de los dólares (#QuitenRegistroAlVerde). El agua y la sobrevivencia son temas de mujeres. He aquí tres mujeres Iztaccíhuatl.
Zoia Fernández. Desde hace 40 años lucha en las izquierdas. Es madre de cuatro y abuela de tres. En reconocimiento a su intenso trabajo por la organización colectiva fue elegida candidata uninominal de Morena a la diputación local por el distrito 26 de Coyoacán. Activista estudiantil en el 68 y partícipe en la formación de algunas células obreras, en el STUNAM, en el sindicalismo independiente. Hoy es conocida en la localidad porque junto con Esperanza Lira ha sostenido semanalmente los foros de El Albergue del Arte en el corazón de Coyoacán. Su agenda se centra en concretar mecanismos para reactivar la participación ciudadana. Está preocupada por detener la iniciativa que pretende privatizar el agua de todos los mexicanos, quiere impulsar en cambio un programa de reinfiltración de agua pluvial para recuperar alrededor de 50 por ciento del líquido que se consume en la ciudad. Pugna por evitar que sigan desplazando a la comunidad de su espacio habitacional y por revertir las reformas laboral y privatizadoras.
Araceli Damián. Es candidata a diputada federal por el distrito 20 de la zona central de Iztapalapa. Originaria de esta demarcación, ella ha logrado crecer en dos frentes: la academia y el sindicalismo comprometido. En dos ocasiones ha sido secretaria general del Sindicato de Profesores-Investigadores de El Colegio de México. Se doctoró en economía en la Universidad de Londres con un trabajo sobre El impacto de las políticas de ajuste estructural neoliberal en el empleo y en las condiciones de vida de las familias de bajos recursos en la ciudad de México. Además de pugnar por el acceso universal al agua potable, la agenda de Araceli se centra en mejorar el ingreso a través de la creación de empleos, la recuperación de salarios y la ampliación de la cobertura de educación pública. Comparte los principios de honestidad y servicio de Morena, único partido que considera de izquierda porque está cercano a la gente y preocupado por su bienestar. Tiene claro que se ha perdido la fe en el voto por la corrupción de los partidos y la manipulación televisiva, pero apuesta por quienes creen en la posibilidad de un cambio a través de la democracia, por quienes darán un voto de castigo al partido del Presidente de la República y del jefe de Gobierno del DF.
Patricia Ortiz Couturier. Es candidata a jefa de la delegación Madgalena Contreras. Licenciada en política y gestión social por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, a sus 27 años ha participado en varios colectivos: por la defensa del petróleo, los derechos de más de 40 mil trabajadores de Luz y Fuerza del Centro, la impunidad del caso de la guardería ABC y los grandes agravios del actual gobierno en Tlatlaya y Ayotzinapa. Ganó la cuota juvenil en la candidatura después de ser elegida secretaria nacional de jóvenes en Morena. Su liderazgo la llevó a organizar la visita de Camila Vallejo a México y a participar en el movimiento #YoSoy132. A ella le interesa el buen manejo de la administración pública y fortalecer el tejido social que está tan debilitado por la violencia y prepotencia de las autoridades.
La paridad permitió incorporar a candidatas con trayectorias frescas. Todas colocan al centro la lucha contra la corrupción y la inseguridad. A Candelaria Ochoa la ganó Movimiento Ciudadano en Guadalajara, ojalá gane. En la ciudad de México hay otras candidatas que son más conocidas y también tienen gran estatura, como Claudia Sheinbaum, Clara Brugada, Jenny Saltiel Cohen, Patricia Ruiz Anchondo, Martha Pérez Bejarano, Laura Esquivel, Berta Maldonado. Obvio que también hay hombres con buenas y nuevas trayectorias, masculinidades subordinadas que están dando la lucha.
El clima represivo del país está explotando, los poderes fácticos quieren aplastar al partido que representa la oposición electoral. Mienten quienes consideran a Iztaccíhuatl un volcán inactivo, las mujeres políticas son signos de su actividad, la sismicidad esporádica y las aguas termales en las cercanías prueban que existen remanentes magmáticos en su cámara y hasta glaciares en su cima, reducidos hoy por el calentamiento global… y represivo.
Alerta. ¡Ya liberen a Nestora Salgado! Está en huelga de hambre.

lunes, 11 de mayo de 2015


Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Lo mucho que hemos perdido
Usted y yo y la mayoría de quienes conocemos salimos perdiendo tras más de treinta años de neoliberalismo salvaje, de paulatina claudicación en lo que alguna vez pudimos llamar dignidad nacional, hoy tan a la compraventa, de entrega denodada de la riqueza estratégica de los mexicanos a grupos trasnacionales y de especulación financiera. Hemos perdido de todo, lo intangible, como el orgullo, el amor patrio o el deber cívico, y lo tangible, como la tierra pública, los recursos, el trabajo, el poder adquisitivo, la tutela del Estado y el patrimonio o la posibilidad de construir uno sólido, duradero y garante de una vejez sin carencias.
Bastaron unos pocos sexenios, seis desde la grisura delamadridista hasta el de negros barruntos del peñismo, para que el neoliberalismo, disfrazado de simple apertura comercial impulsada por Carlos Salinas de Gortari como secretario de Programación y Presupuesto, y luego como presidente y jefe del grupo político que sigue mangoneando la agenda nacional, se adueñara de todo, lo contaminara todo y el país pasara a ser una especie de sucursal de negocios de consorcios mundiales. El desmantelamiento de las empresas estatales para ser reconvertidas en activos de la iniciativa privada dio lugar a una vorágine privatizadora profundamente corrupta, de turbios menesteres y procesos de desincorporación terriblemente opacos que empezó en las telecomunicaciones para culminar con el agua, llevándose entre las pezuñas el petróleo, el gas, la energía eléctrica y buena parte de los servicios básicos de ese mismo Estado debilitado, adelgazado según los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, porque precisamente en virtud de su función reguladora resultaba estorboso para los planes de las trasnacionales y sus alecuijes mexicanos vendepatrias. Así, a menos de cuarenta años del inicio de la demolición del Estado mexicano, apenas algunas instituciones quedan en pie o se han visto fortalecidas de alguna manera, pero no las que se inscribirían en políticas públicas de sanidad y cultura, como el Instituto Mexicano del Seguro Social, las organizaciones estudiantiles y magisteriales (hoy convertidas en entidades desafectas al régimen) o las universidades públicas (todas ellas y sus símiles han sufrido en cambio constantes embates cupulares y terribles recortes presupuestales), sino las de control, intimidación y contención del descontento popular o las expresiones dinámicas de genuina oposición política (que se ha vuelto, también, una especie en extinción): las policías, las fuerzas armadas y los grupos paramilitares y de choque. En poco más de treinta años las esperanzas de muchos mexicanos se han visto confrontadas con muchos de nuestros peores temores.
Hace poco más de treinta años no teníamos idea de la clase de hoyo socioeconómico y cultural en el que nos estábamos metiendo. La mayoría de los mexicanos por indiferencia, por simple apatía o franca indolencia, permitimos que Salinas consumara el fraude electoral de 1988 y desde entonces el país va en picada. La docena trágica panista, ese remedo de oposición que desperdició la oportunidad histórica de cimentar una verdadera renovación nacional, se tradujo en dos sexenios de corrupción y complicidades acendradas y una espiral de violencia que ahora sigue multiplicándose por los rincones de un México en el que, a diferencia del que muchos tuvimos suerte de habitar, ya no se puede viajar con la familia a un destino turístico sin poner la integridad física o la vida misma en vilo.
Pero durante décadas preferimos ver a otro lado, festejar los adivinables estribillos del Chavo del Ocho y de Chabelo; creer que Eugenio Derbez es chistoso y López Dóriga veraz; que el ingenio de Platanito, las Lavanderas o Guerra de chistesdisimula su vulgaridad pedestre. Y coreamos narcocorridos y melodías gruperas a sabiendas de que se tugurizaba la cultura popular del mexicano, obviando que las grandes disqueras están amafiadas con las televisoras para producir sus propios ídolos hueros.
Y dimos y recibimos mordida. Y dimos a nuestros hijos, o nos dieron nuestros padres cuando claudicaron también ellos, todo lo que fue pedido aunque no se mereciera, y creamos así generaciones de tiranos insolentes, ignorantes, que ahora llamamos yúniors, o ladies y mirreyes.
Y no hay mucho que hacer. Mirar con estupor, si acaso entre un escándalo y otro, cómo se hunde el barco. Con todo y ratas.
O tratar de rescatar algo. Algo que nos recuerde siquiera lo mucho que hemos perdido.
Panorámica nocturna de la ciudad de Ho Chi Minh
Kyra Núñez
A cuatro décadas del triunfo en la Guerra americana, “la más brutal de todas las guerras” La Victoria de la Primavera y sus secuelas.
A cuatro décadas de la repudiada Guerra americana, Vietnam ha emergido como el nuevo tigre de Asia. Ni los más dramáticos bombardeos de B52 sobre Hanoi ni los letales exfoliantes rociados sobre los pueblos vietnamitas del centro y sur, impidieron que el ejército del Viet Minh y la guerrilla del Viet Cong, en la magistral estrategia “Campaña Ho Chi Minh” en abril de 1975 liberaran, una tras otra, Quang Ngai, Bienh Phuoc, Hué, Danang prosiguiendo su marcha hasta tomar Saigón el día 14; el mundo festejó la bandera que ondeó en el palacio presidencial anunciando, el 30 de abril, la reunificación nacional y la victoria militar contra los estadunidenses.
La “más brutal de las guerras” había terminado. La pionera de las revoluciones de primavera le costó al país no menos de 5 millones de muertes, la secuela genética del napalm con el Agente Naranja en otros 3 millones de vietnamitas, el éxodo de un millón de personas al extranjero y el desplazamiento de millares.
¿Qué es lo interesante de este cuadragésimo aniversario de la liberación del sur? Para mí, la postura “políticamente correcta” con que se trata a Estados Unidos. La normalización de las relaciones diplomáticas entre Hanoi y Washington en 1995 le dio otro giro a la historia nacional. Recuerdo sorprendida que, en un libro de historia, a la guerra contra América fue explicada en una frase de doce líneas. En el Vietnam de hoy pocos dicen directamente “derrotamos al ejército estadunidense”, la fórmula es: celebremos la reunificación.
A cuarenta años de la victoria, Vietnam es el ave Fénix que además es el centro más floreciente del progreso a todo vapor. Un crecimiento económico que no para; este primer trimestre de 2015 se situó en 6.5 por ciento y a final de año espera superar la cifra de 7 mil millones 874 mil 312 dólares obtenidos del turismo el año anterior.
La Victoria de la Primavera
En tiempo real, el rítmico sonido de los motores del avión de Vietnam Airlines que se prepara para aterrizar en Ciudad Ho Chi Minh me pone a pensar en la irreprimible marcha del pueblo vietnamita que hoy se presenta como virtual tarjeta postal en el 40 aniversario de la Reunificación Nacional.
En el vuelo de París a Ciudad Ho Chi Minh no hay asiento libre; mi compañera de viaje es una jovencita de Saigón vestida a la última moda, incluyendo cuatro aretes en su oreja izquierda, pestañas postizas y piel de porcelana, que agradece modesta los elogios; alrededor nuestro, la mayoría de los pasajeros somos extranjeros, según confirmo al aterrizar porque son pocos quienes entran como nacionales.
Puerta de la ciudadela de Hue Imperial City, Vietnam, en 1968 y 2012
En la vida actual vietnamita, la de iPhone, tabletas y laptops, que mecánicamente usa casi todo mundo, sobre todo en las zonas urbanas, sorprende aún, como a fines de los años setenta sorprendía escuchar en altavoces colocados en las intersecciones de tráfico los programas de noticias y de música revolucionaria, aunque la atención dure el tiempo del semáforo en rojo que detiene el tráfico infernal de vehículos –ôto, xedap, xe clo, xe tai, y millones de xe gan may: motocicletas. Como hace cuatro décadas, los altavoces trasmiten lo que el partido comunista o los líderes de la nación quieren decirle al pueblo vietnamita.
Este mes de abril de 2015 lo que se está escuchando es celebratorio: cuarenta años del triunfo de la guerra contra los estadunidenses. Cuarenta años de la reunificación del país. Setenta años de la independencia nacional luego de la derrota a los franceses.
Vietnam entró el 1 de abril en modo festivo. El rojo abunda tanto como las consignas en grandes espectaculares que incitan al progreso nacional, a la paz. Películas, documentales televisivos con sobrevivientes de la guerra, programas musicales como el de los veteranos de la guerra de Vietnam, y hasta el Thang Long, Teatro de las Marionetas de Agua, recordarán la hazaña de 1975, hecho histórico aunque los jóvenes tengan otros objetivos en mente; los graduados universitarios en visita al Templo de la Literatura, en Hanoi, considerada la primera universidad nacional, quieren un buen trabajo, dinero para comprarse un carro, viajar… y por eso las ofrendas budistas de las chicas con blancos Ao Dai en sedas satinadas que vuelan con la brisa matinal y los chicos de toga, sudorosos en este clima tropical.
De nombres harto impronunciables hoy se dicen Juan por Hoang, Ignacio por Nguyen, Poncho por Phuong… y de Lucía, Alicia y Kelly ¡hay un montón! Ciertamente, dice Hoa, la Guerra americana impactó a todos, pero lo que se requiere ahora, en todas partes, es abocarse a los estándares internacionales de respeto a los pueblos y a las soberanías de las naciones. Hoan, por su parte, añade que el aniversario del triunfo contra los estadunidenses es bueno porque estimula el orgullo del país y espera que los turistas comprendan su cultura y porque quieren a su nación. Tam añade que él desea que todo vaya mejor, no solamente para él sino para todo el pueblo vietnamita. “Ah, sí –interpela la primera–, mis abuelos sufrieron mucho, por eso es bueno que el país sea rico.” Los jóvenes no se anclan en laGuerra americana, como Trinh en la Feria del Libro de Hanoi, donde compra uno de Donald Trump, de quien admira sus habilidades financieras.
Viejos o jóvenes han sabido sacarle provecho al sufrimiento. Los bombazos de hoy son del turismo, con su derrama económica constante, y también de las inversiones extranjeras que el año pasado pusieron al país como el primer receptor de Inversiones Extranjeras Directas (FDI por sus siglas en inglés), que alcanzaron 3 mil millones de dólares en 2014.
Saigón se muestra a propios y extraños al desnudo; es decir, sus túneles como el de Cu Chi, las casas cuyos subsuelos abrían hacia el laberinto de refugios, el mismo Palacio Presidencial de donde partieron en acelerado repliegue los helicópteros llevando a funcionarios del régimen depuesto, pero también el Hotel Rex, donde soldados del ejército estadunidense y los corresponsales de guerra se animaban con el disfrute de mujeres bellas, muchas resultaron militantes del Ejército de Cabellos Largos, parte de la guerrilla del Viet Cong.
Cuatro décadas diferentes
No es la primera vez que regreso a Vietnam, donde viví los tres últimos años de la década de los setenta (mi primer hogar fue en el hotel Thong Nhat en Hanoi, cuyo refugio antiaéreo fue probado por pacifistas como Joan Baez y otros solidarios del Viet Cong y opositores a la cruenta guerra; hoy es hotel de cinco estrellas, el Metropole, y su refugio es un museo). Fueron años de carestías, se vivía con abastos de cupones, y el único supermercado, frente al lago Hoa Kiem, no tenía sino estantes semivacíos, algunos productos soviéticos, pero tenía mucha propaganda cívica (hoy es la Plaza Trang Tien donde, frente a los ventanales de Dior, los novios se toman la foto de su enlace matrimonial). En los años ochenta no se vio mucho progreso y no era para menos; recién salido el país de una guerra atroz donde los sobrevivientes emergieron de verdaderas pesadillas y tuvieron que enfrentar la reintegración a una sociedad en paz con las secuelas, físicas y psicológicas del sufrimiento, cuando la amenaza de la invasión china se sintió real, cuando sus países vecinos, Laos y Kampuchea, vivían guerras civiles, y cuando el gobierno nacional no tenía ni un dong (moneda nacional) para programas de desarrollo económico, la situación era comprensible.
En la Feria del Libro de Hanoi

Complejo comercial situado en el suroeste de Hanoi, en el distrito de Metri-Tu Liem
A principios de los noventa, Vietnam salió de su aislamiento internacional gracias a los primeros resultados de la decisión radical del Congreso Comunista de 1986, innovadora por tratarse de un país socialista: el programa nacional Doi Moi (Renovación), la apertura económica al mundo que vivía al ritmo de la globalización. Aprendieron de lecciones externas, como la mexicana. Hoan Bich Son, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional, en una entrevista en 1994 aseguró que, examinando bien la política económica mexicana y el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica con el resultado de la guerra del Movimiento Zapatista de Liberación Nacional, Vietnam había optado por la inclusión popular a la economía. No le pasaría lo mismo que al régimen de Carlos Salinas de Gortari –me dijo. El Doi Moi se rigió por el fundamento de darle al pueblo la oportunidad de beneficiarse directamente de los programas económicos globalizadores.
Para el nuevo milenio, Vietnam ya es una economía emergente con crecimiento de doble dígito y un ingreso per capita de mil 998 dólares mensuales. De la noche a la mañana las inversiones se dispararon, algunas incluso provenientes de los vietnamitas que huyeron durante la guerra y de los que se expatriaron por el temor, me dijeron en 1997, a que los comunistas los aniquilaran en centros de re-educación; la cuestión es que las grandes ciudades de Hanoi, Saigón, Danang, Hai Phong y Can Tho comenzaron una fabulosa transformación urbana, y con ésta y los programas de empleo extensivos a las cincuenta y ocho provincias, se embarcaron en la propuesta de Vietnam como destino de capitales y de turismo porque se abrieron al ingreso del empresariado, sobre todo en el ramo de las telecomunicaciones, de la maquila y del rubro hotelero de lujo, aprovechando así tanto la mano de obra accesible como los incontables recursos naturales. Sus numerosos acuerdos de libre comercio engordan al nuevo tigre económico.
Hoy, el vietnamita es un pueblo que progresa a un ritmo endiablado, como se observa en Hanoi y en Ciudad Ho Chi Minh. A pesar de ello, si el avance es notable, aún existen vendedoras agrícolas en las calles ofreciendo productos del diario, como vegetales y frutas recogidos en las madrugadas en sus parcelas, para completar el ingreso familiar que permita enviar a sus hijos a la universidad, y todavía es posible darse el lujo de un corte de pelo en plena banqueta. Estas son ciudades donde la gente se occidentaliza en una evolución desenfrenada incluso en la apertura religiosa: el Domingo de Ramos, la catedral San José estuvo repleta de fieles y la procesión de los chiquillos del catequismo fue la más larga; comunistas, el ochenta por ciento de la gente no profesa religión, pero se mantiene el budismo con 9.3 por ciento y el catolicismo ha subido a 6.7 por ciento de la población.
Vietnam es un caldero de actividad comercial donde la inventiva individual para la mejoría cotidiana personal y familiar no tiene límites –a lo mejor se debe a la tasa de alfabetismo de 93.2 por ciento de la población. La política del Doi Moi disparó el empleo informal… en Hanoi como en Ciudad Ho Chi Minh no hay casa cuyo frente no sea una tiendita, sobre todo en los viejos centros urbanos, pues en los alrededores lo que priva son los grandes malls y galerías con productos ad infinitum.
Los héroes de ayer y de hoy
Vietnam tiene récord bélico. De la larga guerra de independencia que acabó con la Cochinchina de Francia, pasando por Japón, y la cruenta guerra de Estados Unidos (¿quién puede olvidar la masacre de My Lai?), bien puede decirse que dos tercios de la historia nacional reciente ha sido empapada en sangre y se dice que por ello en cada corazón vietnamita hay un insaciable amor a la paz y a la felicidad. Parece que hoy día a eso se dedican. Es una sociedad hiperactiva de jóvenes que empuja a la nación hacia el futuro. El pasado… pasado es. No se dedican a echarle leña al fuego para alimentar resentimientos contra invasores aún frescos en la memoria colectiva de los padres y abuelos sobrevivientes y vencedores de las guerras del siglo anterior, sino que prestos adoptan lo que Occidente les trae, ya sea en materia de educación o hábitos de consumo.
Aspecto de la ciudad de Saigón
Por eso y más es atrayente regresar al país del Tío Ho, el Presidente Ho Chi Minh, respetuosamente visitado en su Mausoleo en la Plaza de la Paz, donde ondean majestuosas las banderas rojas con la estrella amarilla del país socialista y la comunista de la hoz y el martillo; donde no muy lejos permanece la colosal estatua de Vi Le-Nin (Vladimir Ilich Lenin) en su parque epónimo.
Imposible no traer al recuerdo a otros héroes inmortales. Las hermanas Trang, que repelieron la invasión china; luego en el modernismo, el General Vo Nguyen Giap, el estratega del triunfo de Dien Bien Phu contra los franceses y jefe militar de la guerrilla del Viet Cong (murió de 102 años en 2013); a la generala Nguyen Thi Dinh, la diplomática de los Acuerdos de París de 1954, el Ejército de los Cabellos Largos, el Primer Ministro Pham Van Dong que culminó el Mapa de la Determinación que hizo posible el triunfo de abril de 1975, hoy llamada Victoria de la Primavera.
Eran, hace cuatro décadas, soldados y soldaderas, del ejército y de la guerrilla, de cuerpos de viento, de sandalias de plástico, de armas caseras y rusas, de ropa color obscuro para camuflaje en la naturaleza, quienes se enfrentaron al conocido como el más poderoso de los ejércitos del mundo moderno, el estadunidense, el de los hombres enormes, de botas de cuero, de uniformes con diseños de hojas, de cascos protectores, de armas sofisticadas como el napalm y el Agente Naranja… la llamadaGuerra americana es etiquetada como “la más brutal de todas las guerras” y la ganaron los vietnamitas en un esfuerzo epopéyico.
Hay también artefactos heroicos que en el Museo de Historia Militar atizan la imaginación: el MIG 21 F96-5121 que, piloteado por Pham Tuan, de la fuerza aérea comunista, derribó nada menos que un “castillo flotante” como se conocía a los B52 de la fuerza aérea estadunidense, en las navidades de 1972 en cruel ataque contra Hanoi; o el tanque T54B de la brigada 843, el mismísimo que llegó al Palacio Presidencial de Saigón el 14 de abril de 1975 y acabó con la última guarida del régimen de Diem.
Concurridos igualmente son los mercados de pulgas que venden remanentes de laGuerra americana, desde un radio portátil hasta encendedores Zippo, con los que prendían fuego a los cultivos y bosques para hacer salir a los guerrilleros de sus escondites, y tanto más. En Café Cong (Café Comunista) la juventud se reúne para mostrarse con las novedades electrónicas mientras beben, ya no el té verde de antaño, sino café a la moda; por algo el país es el mayor productor y exportador del grano negro en el sudeste asiático; lo curioso es el servicio en tazas, platos y cubiertos de metal, exactamente como lo usaba hace cuarenta años el ejército comunista.
Atractivo mundial que México no aprovecha
¿Cómo no sorprenderse de que en este país socialista de partido único, el comunista, las grandes marcas acaparen el sueño de muchos consumidores? ¿Cómo cuestionar el interés por el idioma inglés, cuando es el lenguaje sin pasaporte del mundo de los jóvenes, o cuestionar la decisión de una madre de enviar a sus hijos a universidades europeas?
Lo cierto es que se trata de un país que debiera ser atrayente para México, con quien abrió relaciones diplomáticas precisamente hace cuarenta años, en mayo de 1975. Esta es una ocasión que sirve para el examen de los pendientes en las agendas mutuas, explica Martín Muñoz Ledo, jefe de Cancillería en la embajada mexicana, sin embajador designado.
La balanza comercial está a favor de Vietnam porque éste se vende bien, mientras que a los inversionistas mexicanos como que les falta audacia para promocionar, por ejemplo, la experiencia en ingeniería de construcción carretera, o intensificar la agenda cultural para abrir el abanico de ofertas que México tiene en los rubros de la economía y el comercio.
Para el diplomático, ambos países podrían asumir lecciones mutuas, aprender de temas que les son familiares y complementarse, pues si los vietnamitas atraen por su esfuerzo, por su lucha por alcanzar sus objetivos hasta triunfar, los mexicanos poseen muchas cosas pragmáticas en el campo de la salud, de las ciencias, de la educación. Queda mucho por hacer para resolver este déficit de México frente a Vietnam, por lo que Muñoz Ledo considera que sería bienvenida la presencia mexicana, no solamente del gobierno sino de individuos, de industriales, empresarios, desarrolladores de cultura y promotores educativos.
Lo que nos queda de este regreso a Vietnam es la realidad de que, por ejemplo, en 1993 la pobreza en una población de casi 70 millones fue de sesenta y cuatro por ciento, mientras que en 2008, con 85 millones de habitantes, cayó al 17 por ciento (Banco Mundial). El bienestar se presume general porque es evidente la mejoría en la calidad de la vida, incluso la rural y artesanal, además; la gente siempre está afanosa.
¿País ideal? Vietnam aún tiene guerras por ganar. La elevada contaminación ambiental en las grandes ciudades que ensombrece el desarrollo urbano con una capa de polución que oculta los rascacielos de los grandes corporativos asiáticos; el aumento en el tráfico sexual de mujeres y niñas y en la violencia doméstica; el apego a las legislaciones universales en materia de derechos humanos y al disfrute de las garantías individuales y no solamente la promoción comercial; el ciberterrorismo y apertura total a la informática, escasez de agua, alcoholismo, el aumento de accidentes de tránsito, la falta de estructuras jurídicas fuertes en materia laboral, la libre sindicalización y muchas instituciones débiles, la igualdad de género y, sobre todo, ganar la guerra contra la corrupción rampante de la que tanto se habla.
En palabras de Kellie: “El significado de este cuadragésimo aniversario va dirigido especialmente a mi generación de jóvenes. No hay más guerra. Tenemos las mejores oportunidades para estudiar y desarrollar nuestro país. Con un país más grande, pienso que seremos más fuertes que cuando había, como hace cuarenta años, dos países, dos gobiernos. Sin embargo también vemos el lado obscuro. Un espacio más grande, más y diferentes grupos, otras formas de pensar, este es el reto de nuestro gobierno actual: equilibrio para todo y encontrar el modelo más efectivo para desarrollar nuestro Vietnam.”
Por ahora su ejemplo, el de vivir en paz, el de construir para la paz, es un derecho alcanzado.

Souvenirs vietnamitas
Francesco Paroni Sterbini, Life on Mekong River /Flickr/ CC BY-ND 2.0
Xabier F. Coronado
Un acercamiento a los vestigios de su historia milenaria, el exotismo, sus templos, barrios, tianguis y policromos cementerios chinos, entre muchos otros hallazgos.
La tierra se nos muestra por medio de la imagen, puesto que la tierra es muy grande e inabarcable por nosotros, imposible de recorrer ni en su totalidad ni región por región.
Ptolomeo
Viajar al Extremo Oriente es una de las experiencias más sugestivas que se pueden vivir. En mi caso era un viejo proyecto que se hizo posible gracias a que me llegó la llave necesaria para realizarlo: el dinero. Sin embargo, no se piense que es necesario mucho dinero para viajar por estos países. Si no se tienen pretensiones de lujo y uno se conforma con las comodidades básicas, tanto el alojamiento como la comida o los desplazamientos son realmente baratos, bastante más de lo que cuestan donde vivimos. El desembolso fuerte es el boleto de avión.
Lo conveniente es llegar a Bangkok, el aeropuerto de destino más barato porque cuenta con más tráfico. La capital de Tailandia es la puerta de entrada al sudeste asiático, una ciudad atractiva y casi siempre benévola con el despiste y la ignorancia del turista occidental. Una vez allá hay vuelos para desplazarse a otras ciudades de la península indochina, aunque el avión te quita la experiencia del viaje terrestre que, si se dispone de tiempo, es lo más recomendable, pues posibilita el contacto directo con el medio y da la dimensión real del camino recorrido.
Así, pues, Bangkok es el lugar ideal para comenzar un periplo que tiene muchas rutas posibles. En mi caso no tenía nada preconcebido. Antes de viajar trato de documentarme sobre la historia, cultura, política y economía de los lugares que quiero conocer. Evito totalmente las guías turísticas, esas biblias del viajero moderno que, si bien tienen sus ventajas, hacen que todos recorran los mismos lugares como si integrasen una caravana que se mueve de forma individual, que les proporciona la aparente seguridad de un viaje organizado pero dándoles sensación de independencia. Empero, evitar seguir los pasos que marca una guía no libera de encontrarse a menudo con esa masa de turistas que se mueve por el planeta. Además, a pesar mío, soy considerado uno de ellos.
¿Por qué Indochina? Las motivaciones eran varias, entre ellas la atracción por lo lejano, las diferencias socioculturales o el supuesto exotismo. También su fascinante historia, desde la casi desconocida Antigüedad hasta los episodios consabidos de colonialismo occidental y conflictos bélicos que llevaron a su liberación en la segunda mitad del pasado siglo.
Otro de los atractivos es la posibilidad de visitar una serie de países que por tierra (autobús o tren) no están muy distantes unos de otros y que, a pesar de su cercanía, historia común y semejanzas culturales, mantienen rasgos de identidad que los hacen diferentes entre ellos. Mi idea era viajar por los cinco países que forman lo que se conoce por Indochina: Tailandia, Myanmar (Birmania), Laos, Vietnam y Camboya.

Buda mentiroso en el Palacio de Gand en Bangkok
Historia
Indochina es el lugar, más allá del ancho mar,
donde revientan la flor, con genocidio y napalm.
La luna es una explosión que funde todo el clamor.
El derecho de vivir en paz.

Víctor Jara
La historia de estos países se fragua desde una memoria compartida, donde se han ido registrando los episodios que moldearon la personalidad que actualmente tiene cada uno de ellos. Al estar situados en la ruta de paso entre India y China, la influencia de estas dos grandes culturas asiáticas ha marcado su desarrollo desde la Antigüedad. También existen referencias y vestigios del contacto con otras civilizaciones más lejanas: Ptolomeo (siglo II), en sus mapas ubica el puerto de Cattigara en el delta del río Mekong, Vietnam, donde también se encontraron monedas y cerámicas romanas.
En Indochina se formaron reinos prósperos que forjaban hierro y bronce, trabajaban el oro y eran productores de arroz. Uno de los más antiguos fue el de Funán, que ocupaba Camboya y el delta del Mekong, que perduró hasta el siglo VI. A partir de entonces, guerreros jemer establecieron un imperio que abarcó casi todo el sudeste asiático, crearon una cultura única que se desarrolló de los siglos IX al XIV. La muestra nos la dejaron en lo que fue su capital: la grandiosa Angkor. En la costa oriental de la península indochina se formó el reino de Champa (siglo II al XVIII) y después el imperio de Annam, con capital en Hue, que mantuvo su vigencia hasta 1955. En la parte occidental, los pequeños dominios quedaron unificados en el reino de Siam, la actual Tailandia.
Marinos portugueses, comerciantes holandeses, misioneros franceses y españoles, llegaron a Indochina a partir del siglo XVI. Los franceses querían dominar y explotar tierras en Asia –los ingleses no los habían dejado en India– y a finales del siglo XIXconstituyeron la Indochina Francesa, formada por los territorios de Annam, Tonkín y Conchinchina, en Vietnam, además de los protectorados de Laos y Camboya. Después de la segunda guerra mundial, el movimiento de liberación vietnamita (Viet Minh) liderado por Ho Chi Minh, derrotó a los franceses y terminó echándolos de Indochina. Después vino la intervención de Estados Unidos y la lucha por la independencia. En 1976, tras la victoria definitiva sobre el imperialismo occidental, llegó la paz y la unificación en una sola república vietnamita.
El viaje
El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también
ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración...

José Saramago
Llegar a Bangkok por avión es como llegar a la capital de México: la inmensidad urbana no se abarca totalmente desde el aire y se aterriza en la parte oriental de la ciudad. En el centro, en uno de los márgenes del río Chao Phraya, encuentro hotel en una calle tranquila. Enfrente, en un mercado, hay puestos de comida a cualquier hora. Me paso casi una semana recorriendo sin rumbo la ciudad. Descubro la gente, los templos, los barrios y tianguis, los canales de agua, hasta que llego a percibir el ritmo del latido de la metrópolis y me ubico en el nuevo continente.
En la estación de Hua Lamphong, junto al barrio chino, salen los trenes para el norte. La primera etapa es Ayutthaya, antigua capital del reino de Siam; allí tomo contacto con la historia y la cultura, veo los primeros elefantes trasportando gente y me alojo junto al río en una acogedora casa de madera de teca, desde donde puedo contemplar el paso de las barcazas. Sigo viaje. En Lopburi me sorprenden los monos que viven en los templos y más de una semana después llego a Chiang Mai. La ciudad es tranquila, cosmopolita, llena de historia, un lugar para conocer despacio, dándose tiempo, rentar una bici, visitar las montañas. Diez días bajo cielos abiertos, entre templos llenos de colorido, me dejaron un sabor a nada conocido. Sigo ruta; por delante se abre todo un mundo por descubrir, el sueño de un pata de perro.
Calle de Saigón
Niña de la tribu Akha en Laos
Más al norte está el pueblo de Pai entre montañas. Mi habitación se abre al poniente, debajo del cerro donde hay un templo y una estatua monumental de Buda. Camino por sendas entre bosques, descubro cascadas y lugares sublimes. Me toca la fiesta de Loi Kratong: barquitos de tronco de plátano, con flores, incienso y veladoras, que se ofrendan a la fluidez al agua, y globos encendidos que ascienden hacia la luna llena, siembran de luces trémulas la imagen oscura de la noche.
Me cuesta dejar todo eso atrás. Paso dos días en Chiang Rai, otra ciudad histórica, donde descubro un extraño monasterio budista en las rocas. Después vuelvo a la montaña, aún más al norte, hacia el oriente del Triángulo de Oro. Estar en Mae Salong es como visitar China; carteles y rótulos muestran ideogramas. El opio se cambió por plantaciones de té verde, aunque todavía se cultiva para autoconsumo. En la sierra hay aldeas donde viven las tribus Akha, Lahu, Lisu y Karen, camino por allí durante días.
En la frontera con Myanmar encuentro una pareja de italianos que quieren entrar al país y, como yo, no tienen visado. Conseguimos un pase por una semana. Nos dio tiempo para recorrer el nordeste y llegar al límite con China. Es una zona sin turismo donde es difícil comunicarse pues casi nadie habla inglés. Es diferente a Tailandia, casi no hay coches, sólo motos y bicicletas. Salir al atardecer por el lago que está en el centro de la ciudad de Keng Tung es una experiencia inolvidable. Paseamos en penumbra rodeando el agua, la calle se llena de lugares donde preparan comida a las brasas, cenamos y tomamos cerveza sentados en taburetes de mesas enanas, iluminadas con débiles luces de colores.
Descubrir el río Mekong, que delimita las fronteras de Myanmar, Laos y Tailandia, fue decisivo pues se convirtió en el eje del resto del viaje. Desciendo por su cauce en lancha, durante tres días inolvidables, hasta Luang Prabang en Laos. El lugar es tan bello como turístico y en las calles se ven grupos de franceses jubilados que viven en Indochina parte del año. Varios días después me detengo tres noches en Vang Vieng, un lugar paradisíaco lleno de agua, rocas, cuevas y arrozales, donde muchos turistas llegan, literalmente, a reventarse en fiestas extremas que duran día y noche. Continúo hasta Vientián, la capital de Laos, situada a orillas del Mekong. Me quedo unos días, la ciudad es agradable y hago rutas por el río en bicicleta. Sigo hacia el sur, hasta Savannakhet, un puerto fluvial de edificios coloniales abandonados, rodeado de lagunas donde se crían búfalos.
Dejo atrás Laos y paso a Vietnam. Me dirijo a Hué, la antigua capital del reino annamita; se trata de la impresionante ciudadela imperial, restaurada después de los bombardeos estadunidenses. En la costa se suceden los policromados cementerios chinos. Recorro kilómetros en bicicleta atravesando pueblos alineados a lo largo de la carretera, entre dos aguas. Me dirijo al norte del país, y después de una noche en autobús llego a Hanói. Otra gran metrópoli, llena de mercados exóticos y barrios de calles estrechas. El puente de Long Biên une las dos partes de la ciudad separadas por el delta del río Rojo, lleno de islas rurales donde crece todo tipo de cultivos.
Visitar la bahía de Ha Long es llegar a un lugar imaginario. Cientos de islotes y rocas forman un mar laberíntico surcado por veleros chinos y barcas de pescadores. Hay pueblos sobre el agua con sus calles y avenidas, sus tiendas y casas flotantes. Estoy en el norte de Vietnam, cerca de la frontera china. Tras una semana vuelvo a Hanói; dos horas al sur está el pueblo de Tam Coc, donde las mujeres reman en lanchas por canales entre arrozales y rocas cársticas. Se pasa a través de cuevas para llegar a viejas pagodas llenas de belleza y misterio.
Sigo la costa hacia el sur hasta Hoi An, pequeña ciudad de una belleza inquietante, llena de comercios antiguos y turistas orientales. Nha Trang es una amplia bahía con vestigios arqueológicos de la civilización Champa, donde llega el turismo ruso durante el invierno. Después de caminar por las inmensas dunas de Mui Ne, llego a ciudad Ho Chi Minh, la antigua Saigón, situada en uno de los nueve dragones fluviales que forma el Mekong antes de llegar al mar. El delta es un inmenso entramado de ríos y canales donde viven millones de personas, uno de los ecosistemas más ricos del planeta. Me quedo dos semanas; recorro brazos de agua, visito aldeas, pueblos y ciudades. En una de ellas, Sa Dec, vivió la escritora Marguerite Duras y es el lugar donde se desarrolla su novela El amante.
Llevo casi tres meses de viaje y emprendo la etapa final: atravesar Camboya. La capital, Phnom Penh, es un gran paseo en las riberas del Mekong donde salen a caminar todos sus habitantes. La ciudad de Siem Riep es la puerta al complejo arqueológico de Angkor, un lugar que supera toda admiración posible. Es necesario salir de la corriente de los cientos de turistas que lo visitan diariamente y perderse en la selva para descubrir las maravillas arquitectónicas creadas por la cultura jemer, un conjunto de monumentos erigidos para dar culto al amor y la espiritualidad.
Bangkok, comienzo y fin de este periplo, me recibió otra vez con urbanidad y calurosa frescura. Los últimos cinco días me dediqué a profundizar mis recorridos por la superficie intrincada de una ciudad que refleja en sus calles la luz y la cultura de Asia.
Todos los lugares reseñados en este texto merecen capítulo aparte y marcan la ruta de un viaje personal a través de la realidad presente de los pueblos de Indochina, siguiendo los vestigios de su historia milenaria. Al viajar se graban muchas cosas en la memoria y, al analizarlas, nos dan la dimensión de la huella que nos dejaron. En mi caso, me queda la sensación de asombro ante la belleza, de agradecimiento por la digna hospitalidad recibida y, sobre todo, de simpatía, respeto y admiración, porque sentí en la gente que habita estos países, una actitud alegre y equilibrada ante la vida. Volví cargado de historias que rezuman esas sensaciones y que necesito contar con detalle para no olvidar todo lo que viví, conocí y aprendí en ellas.
Desierto amor
Diana Bracho
Hay un espacio
entre la voluntad
y el deseo
donde estás tú
serenamente
agazapado, trágico
tigre dormido
de mis llanuras.
Quiero seducirte
con mi humedad.
Y son
tus ojos
nublados por la
noche los que
siempre
me hacen el amor.
Hay un lugar
entre la vida y la
nada
donde tus deseos
alimentados
por el hambre de
estar cerca
me tocan.
En ese espacio
más real
que lo tangible
sobrevive nuestro amor
sin piel
luminoso y oscuro
hermoso y cruel
como un desierto.