lunes, 17 de noviembre de 2014

Renuencia a la renuncia
Jorge Durand
V
an a cumplirse 30 años del robo al Museo Nacional de Antropología. Mientras los veladores celebraban la Navidad los ladrones se llevaron 140 piezas de inestimable valor patrimonial. El director del INAH, Enrique Florescano, no se inmutó y siguió en el cargo. Ni renunció, ni lo renunciaron. Obviamente no era culpable del robo, pero sí el responsable de velar por la seguridad del patrimonio a su cargo.
En 2009 se produjo un incendio, al parecer provocado, en una bodega aledaña a la guardería ABC del IMSS en Hermosillo, Sonora. Murieron calcinados 49 niños y 76 más quedaron con quemaduras graves. La bodega era dependencia estatal y el siniestro tenía como finalidad eliminar documentación oficial. El gobernador Eduardo Bours no se hizo responsable y terminó sin problemas su sexenio. Las familias afectadas y la sociedad pidieron la renuncia del director del IMSS Juan Francisco Molinar Horcasitas, pero siguió en el cargo, no tuvo la decencia de renunciar y cargará para siempre con ese estigma.
El gobernador de Guerrero Ángel Aguirre pidió licencia un mes después de los terribles acontecimientos de Iguala. No ha renunciado. No supo, no quiso o no pudo manejar la situación. Y ahora aflora toda la pestilencia que emana de decenas de fosas clandestinas que ponen en evidencia su ineptitud y la impunidad que caracterizó su gestión.
El secretario de Comunicaciones y Transportes Gerardo Ruiz Esparza ha demostrado en repetidas ocasiones que el saco le queda grande. En las licitaciones públicas que ha tenido a su cargo renuncian postores y al final se favorece a empresarios del estado de México. Su proceder ha sido cuestionado públicamente e incluso ha comprometido al Presidente de la República en la última licitación del tren bala a Querétaro; o fue más bien la Presidencia la que comprometió al secretario. Para evitar el escándalo el Presidente tuvo que dar un golpe de timón y cancelar la licitación, con costos considerables para el país. ¿Debe renunciar, deben pedirle la renuncia o cumplía órdenes?
El procurador Jesús Murillo Karam está cansado, después de un mes dando palos de ciego y poniendo en evidencia la ineptitud de la procuraduría para solucionar de manera rápida, expedita y profesional el caso de los normalistas de Ayotzinapa. Las masas reunidas en múltiples marchas y manifestaciones exigen que renuncie. Los padres de familia de los normalistas no le tienen confianza y ha perdido toda credibilidad. Murillo Karam tenía información directa y confiable sobre los usos y costumbres del presidente municipal de Iguala, fue informado personalmente por el perredista René Bejarano y por el propio gobernador de Guerrero. No hizo nada. ¿Debe renunciar?
El secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong tuvo un gesto inusitado al salir en mangas de camisa a dialogar con los estudiantes del Politécnico. Muchos analistas aplaudieron esta nueva manera de hacer política y enfriar el conflicto hasta que pasara la tradicional manifestación del 2 de octubre. Lo que no ha sabido hacer es enfriar el resentimiento popular por la masacre de los 43 normalistas de Ayotzinapa y el vil asesinato de 22 jóvenes, en Tlatlaya, estado de México. Tampoco ha podido evitar que las turbas incendien el palacio de gobierno, el Congreso, el local del PRI en Guerrero y la presidencia municipal de Iguala, e incluso se ataque con bombas molotov a la puerta del Palacio Nacional. No ha demostrado tener un manejo adecuado de situaciones conflictivas.
Hace una semana el periodista Jorge Ramos, que trabaja en los medios estadunidenses, pero también escribe en la prensa nacional, se atrevió a publicar un artículo en el que consideraba pertinente la renuncia del presidente Peña Nieto. Su argumento era claro, el tema estaba planteado por múltiples sectores de la sociedad y era un tópico en las redes sociales. Había que hablar del asunto. Según el periodista el Presidente actuó conincomprensible indiferencia y negligencia. Es más, no ha dado la cara, no ha salido a los medios, no ha concedido entrevistas, se ha escondido y está inmovilizado ante una situación de crisis extrema que demanda un liderazgo claro y decidido.
El tema de la renuncia del Presidente ha sido tocado en los medios y las opiniones son encontradas. Pero lo que le echó gasolina a la combustión y el hartazgo nacional fue su viaje a China. Nadie puede justificar la pertinencia del viaje en estos momentos.
Al parecer, forma parte de cierta cultura política nacional la renuencia a la renuncia, tanto del funcionario cuestionado o responsable, como de la autoridad que considera un fracaso de su administración pedir la renuncia de un subalterno. Por años tuvimos que aguantar al góber precioso en Puebla, a Ulises Ruiz en Oaxaca y a tantos otros.
Pero más allá de la responsabilidad directa o indirecta de tal o cual funcionario de marras, hay un asunto de dignidad, gallardía, valentía y decencia para renunciar o, de perdida, ofrecer la renuncia.
Sin embargo, esta actitud es prácticamente inexistente entre la clase política nacional.
Renunciar de manera irrevocable implica una actitud de independencia que puede ser interpretada como suficiencia, traición, falta de respeto y fidelidad al grupo o caudillo de turno. Poner en la mesa la renuncia implica poner en aprietos a un superior que tiene que tomar la decisión y hacerla pública. Pedir la renuncia puede interpretarse como un error político al haber elegido a ese funcionario, una debilidad ante presiones externas, el reconocimiento de que no se cuenta con un equipo eficiente, probo y profesional.
En suma, nadie renuncia y a nadie le piden la renuncia. Un destilado muy refinado de la cultura política nacional que atraviesa toda la sociedad, la academia, la administración pública, los partidos y la clase política nacional.
Excepciones existen, y hay que reconocerlas.
El corazón y las tinieblas
Rolando Cordera Campos
E
stos son momentos en que la zozobra y la desesperanza parecen ganar terreno, dijo el jueves el ministro de la Suprema Corte Arturo Zaldívar en nombre del pleno. Por su parte, el general secretario Cienfuegos advirtió que el desarrollo y el progreso del país estaban en juego. En el corazón de esta aciaga encrucijada sigue instalada la violencia y el temor que siempre la acompaña. ¿Punto final? Ni siquiera, porque es más que probable que lo peor esté por venir.
La debilidad del Estado para contender con la criminalidad organizada ha sido advertida muchas veces, como lo ha sido la complicidad de funcionarios y políticos con ella. Lo que se nos vino encima como balde de agua hirviendo en Iguala fue la brutalidad flagrante de unas fuerzas del orden no penetradas por el crimen sino a su abierto servicio, instrumentadas por criminales que durante el día o sus festejos se disfrazaban de políticos y mandatarios.
Se trató de un crimen bárbaro que no asimilaremos fácilmente ni con el paso del tiempo. Se coaguló ahí la fragilidad institucional primordial en la que debería descansar nuestra seguridad pública y personal, con una llamarada de abuso e insolencia que nos advierte sobre las fallas profundas de una democracia apenas estrenada. La incapacidad de ésta para esparcirse por el territorio de manera tranquila y en automático se hizo evidente, y por si hubiese alguna duda, el comportamiento de los dirigentes políticos de todos los partidos en estos días nos lo recuerda día con día.
La democracia y no sólo el progreso material del país es lo que se ha puesto en juego. Como si se tratara de una ruleta rusa imparable, es nuestra disposición para el entendimiento colectivo y el reconocimiento de la dignidad y la legitimidad de los otros lo que se ha puesto en entredicho. Y no sólo desde los poderes constituidos que vacilan, farfullan y se resbalan como si fuera deporte de moda, sino desde el llano y el lomerío, los pedregales o los manglares de la sociedad civil, se emiten disonancias y cacofonías, altos y abultados decibeles que han puesto cerco, en estado de sitio, a nuestras capacidades auditivas.
La palabra, el verbo, siempre vienen y están primero. Por eso, lo que ocurre en estos días no puede verse como la sola expresión de un encono largamente guardado, pero tampoco como inoperancia de unos aparatos estatales oxidados o fatigados, sometidos al pasmo y con unos operadores dedicados con extraño y mórbido entusiasmo a la compra y venta de protección: del yo no fui alal ladrón, al ladrón voceado por el forajido, hemos pasado a juicios sibilinos o sumarios a los que sin recato se unen voces y reclamos dizque justicieros, que no pueden ocultar su ambición de poder o de venganza.
De repente, tal vez sin pedirlo ni quererlo, el poder constituido verá colmada su soledad por consejos y preceptores partidarios de la mano dura. La violencia que una opción como esta acarrearía no parece estar en sus cálculos estratégicos; de aquí la necesidad urgente, vital, de que se les pregunte por el día siguiente de la acción punitiva que en aras de un orden fantasmal ahora preconizan. No son los militares y la fuerza armada en general los que promueven tan nefasta salida; ellos saben lo que ha significado la guerra estúpida de Calderón para sus familias y su propia salud, así como lo que ha implicado de deterioro y desgaste de sus siempre difíciles relaciones con la ciudadanía y las comunidades. Pero este hecho, el que no sean los soldados quienes emitan el grito de guerra, obliga todavía más a los partidos y la opinión pública a afinar el juicio y valorar o revalorar sin ambages el papel que queremos que tengan las fuerzas armadas nacionales.
Podríamos desdeñar, por pueril, la defensa que algunos intentan hacer de los actos vandálicos acaecidos en Guerrero y a las puertas de Palacio al calor de la protesta estudiantil y popular, si no fuera porque dejarlo ir como eso, como una puerilidad, puede contribuir, sin quererlo, a naturalizarla violencia hasta sacralizarla por su origen, popular, y antecedentes: la represión gubernamental permanente. Esa violencia, el incendio y la destrucción de instalaciones públicas y algunas de ellas republicanas, no es fruto de la ira momentánea o el desvarío ocasional. Supone preparación, acopio de herramientas, premeditación. Va contra la movilización y al extenderse o profundizarse va también contra la posibilidad de un rescate de México mediante el ejercicio y la ampliación de la democracia para darle sostén a la necesaria justicia cívica, política y social cuya ausencia define el corazón de estas tinieblas.
Tan sólo por esto, las agresiones a Cuauhtémoc Cárdenas, Adolfo Gilly, Salvador Nava y otros en una manifestación de solidaridad; junto con la infame agresión de que fuera objeto el senador Alejandro Encinas, no pueden soslayarse ni verse como incidentes excesivos pero comprensibles. Se trató, en todos estos casos, de una embestida artera que no debe olvidarse. Ni repetirse.
En la penumbra, busco algo de luz y retomo añeja práctica de recomendaciones bibliográficas:
En los libros sobre mi mesa encuentro Más allá de la economía. Antología de ensayos de Albert O. Hirschman compilada por José Woldenberg para el Fondo de Cultura Económica. La elegancia discursiva del viejo sabio, sus destrezas y sutilezas para comprender las relaciones sociales y, como dice el título, ir más allá de la economía, son brillantemente aquilatadas y resaltadas por José Woldenberg en su espléndido estudio introductorio.
¡Fuera Peña Nieto!
Guillermo Almeyra
N
unca un gobierno mexicano ha recibido un repudio más vasto. Hay un hilo rojo de sangre entre las matanzas de Tlatelolco de tiempos de Díaz Ordaz y Echeverría, los 50 mil muertos durante el gobierno de Calderón y los más de 15 mil que lleva en su haber la administración con Peña Nieto, que es el representante de las trasnacionales y la oligarquía reducida que explotan México.
El PRI en el gobierno siempre reprimió sangrientamente o asesinó a los henriquistas, a Rubén Jaramillo y otros dirigentes campesinos, a los ferrocarrileros, maestros, médicos, pero nunca descansó sólo en las desapariciones y los asesinatos, porque en otros periodos todavía podía añadir a sus crímenes concesiones y promesas, y aún tenía en su seno grupos y tendencias nacionalistas que se diferenciaban de los fascistas del PAN. Ahora el PRI está unido al PAN y al resto de los partidos del régimen y tiene dirigentes que plantean la necesidad de un nuevo Díaz Ordaz, es decir, de matanzas masivasejemplarizadoras y de la imposición del orden de los cementerios a los nacos y patas-rajadas que osan protestar. Ante la desintegración del Estado, convertido en un semiestado ligado a la delincuencia y dependiente de Estados Unidos, el capitalismo ya no puede gobernar sino con la violencia y los métodos clandestinos e ilegales.
Eso asusta a una parte de los empresarios e industriales, a los que debió dirigirse antes de su viaje Peña Nieto, porque aquéllos temen que la banda de siervos ineptos que sólo piensan en gozar el lujo malhabido y en multiplicar los Atenco fabrique una situación tal de odio y desesperación que lleve a millones de mexicanos y mexicanas a arriesgar la muerte para salvar al país de la crisis que se profundiza y de la desaparición como nación soberana y sacarse de encima el peligro constante de asesinato, violación, despojo, desaparición ilegal. Incluso en los serviles diarios del régimen comienzan a escucharse voces de crítica y diferenciación.
Por su parte, los creyentes sinceros y los religiosos populares que creen en los principios humanitarios, de amor, de igualdad de todos los seres humanos, de justicia y repudio a la explotación del prójimo, se unen a las movilizaciones por la aparición con vida de los desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa. Los estudiantes de todo el país y los sindicalistas más conscientes se rebelan a su vez y llenan las calles. En las grandes empresas y en las clases medias pobres, si bien no hay todavía paros ni movilizaciones, debido a la desinformación y la intoxicación por los medios y la despolitización, serpentea sin embargo una sorda inquietud. El mismo gobierno de Estados Unidos no sabe si desembarazarse de Peña Nieto para salvar lo salvable de su dominación en este país –como intentó hacer en su momento con Somoza en Nicaragua– o si esperar que la rabia se calme, que la ola de indignación popular refluya.
La protesta popular, por su parte, ya alcanzó un punto alto y, al mismo tiempo, llegó a límites peligrosos. En efecto, es general la conciencia de que estamos ante un nuevo crimen de Estado, no ante un delito de un grupo de narcotraficantes y del alcalde de Iguala (a los que el gobierno quiere transformar en chivos expiatorios, sin convencer a nadie). El odio y la rabia se concentran en manifestaciones de repudio y en la quema de los atributos formales del poder estatal, como sucedió hace más de dos siglos con la destrucción de la prisión de La Bastilla, símbolo odioso de la tiranía. Pero el poder no está en las casas de gobierno ni en el Parlamento: está en Washington, en las trasnacionales, en la bolsa y las cámaras empresariales, Televisa, Tv Azteca, la jerarquía eclesiástica, los bancos. Ese es el poder que hay que quebrar, el de los amos y mandantes de Peña Nieto. La legítima violencia de los oprimidos debe ejercerse con eficacia para que no se disperse en el aire.
Este fue un nuevo crimen de Estado y es el Estado el que debe cambiar. Pero eso no se logrará, como propone Morena, pidiéndole a Peña Nieto que renuncie antes del primero de diciembre y convoque a elecciones anticipadas (¿organizadas por sus agentes de la llamada justicia electoral, que le dio el triunfo al fraudulento Calderón y al fraudulento Peña Nieto? ¿O por el Congreso PRIAN-PRD y adláteres al cual hay que barrer?
Peña Nieto no renunciará. Debe ser echado por la sociedad movilizada, una parte importante de la cual son los 15 millones que votaron por López Obrador queriendo un cambio. El propuesto paro del 20 debe servir para explicar y organizar en las grandes empresas y en los barrios un paro cívico nacional preparatorio de una huelga general nacional obrera-estudiantil-campesina con la exigencia democrática de la aparición con vida de los de Ayotzinapa, la libertad de los presos políticos, el castigo a la corrupción estatal coludida con el narcotráfico y a los responsables de los crímenes y desapariciones, el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés sobre los derechos indígenas, la anulación de las leyes lesivas a los derechos laborales, de la ley contra la educación pública, de la entrega de los recursos naturales.
Sólo una amplia movilización popular podrá separar en las fuerzas armadas a los legalistas y nacionalistas de los agentes del narcotráfico y del imperialismo como sucedió en Bolivia o en Túnez. Sólo ella podrá hacer pensar dos veces a Washington antes de llevar a cabo su tentación constante de intervenir en México, como durante la Revolución Mexicana o cuando Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo. Un frente único contra Peña Nieto y el gobierno oligárquico proimperialista podrá imponer, como en Bolivia, la expulsión del Presidente y un gobierno provisorio que organice elecciones generales limpias para una asamblea constituyente con los medios de comunicación bajo control popular y distribución justa de los espacios y tiempos.
Carta a las y los jóvenes de México
Boaventura de Sousa Santos
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Jóvenes de la ciudad de México se manifiestan en la caseta de cobro de la autopista México-Cuernavaca, en solidaridad con familiares de los normalistas de AyotzinapaFoto Yazmín Ortega Cortés
M
e dirijo a todos mis amigos y a todas mis amigas de México. Si me permiten, me dirijo en especial a ustedes los jóvenes y las jóvenes de México.
Una conmoción atraviesa todo el mundo por el horror de la masacre de los jóvenes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, y en particular por el horror de los detalles con que se ha cometido esta acción. Comprendo su gran angustia, rabia y perplejidad: ¿Qué tipo de sociedad es esta que permite que gente aparentemente normal como nosotros cometa crímenes tan detestables? ¿Qué Estado es este que parece infiltrado hasta los huesos por la narcoviolencia? ¿Qué democracia es esta que invita a la resignación ante enemigos que parecen demasiado fuertes para poder ser combatidos, mientras se aprueban leyes que criminalizan la protesta pacífica (como las leyes bala ymordaza)? ¿Qué policía es esta que es cómplice con la desaparición forzada y tortura de ciudadanos inocentes? ¿Qué política educativa es esta que persigue a la educación rural y no permite que estos jóvenes sean héroes por la vida comunitaria que promueven, sino mártires por la muerte horrorosa que sufren? ¿Qué comisiones de derechos humanos son esas que existen en ese país, que están ausentes y omisas ante crímenes de lesa humanidad mientras que los verdaderos activistas de derechos humanos son asesinados? ¿Qué mundo es este que sigue elogiando el Presidente de la Republica por el simple y únicorelevante hecho de haber entregado al imperialismo la última riqueza del país que restaba en manos de los mexicanos?
Sé que son demasiadas preguntas, pero lo peor que podría pasar sería que Ustedes se dejasen dominar por la magnitud de ellas y se sintieran impotentes. La contingencia de nuestra vida y de nuestra sociedad está dominada por dos emociones: el miedo y la esperanza. Sepan Ustedes que esta violencia desatada se dirige a su resignación, dominados por el miedo y, sobre todo, por el miedo de la esperanza. Los poderosos criminales saben que sin esperanza no hay resistencia ni cambio social. Sabemos que es difícil escapar al miedo en condiciones tan dramáticas como las que viven. El miedo no se puede eliminar, pero lo importante es no rendirse al miedo, sino tomarlo en serio para poder enfrentarlo y superarlo eficazmente, a eso le llamamos: Esperanza. Ustedes tienen la fuerza para salir de esta pesadilla, resistir a la ilegalidad y violencia institucionalizadas y construir una alternativa de esperanza. Para eso es necesario organización, respaldo popular y una clara visión no solamente política, sino también ética de una sociedad donde sea posible vivir con dignidad y en paz.
Hay varias opciones y no me sorprende que Ustedes las contemplen todas. Sé que algunos buscan criar zonas autónomas, libres de opresión y de dominación. Tales zonas liberadas son fundamentales como espacio de educación, para que Ustedes muestren unos a los otros que es posible vivir de manera cooperativa y solidaria para que cada uno y cada una pueda decir: yo soy porque tú eres. Pero más allá de las zonas liberadas es necesario enfrentar el poder político, económico y cultural que oprime y aterroriza. Para eso hay dos opciones básicas y estoy seguro que Ustedes analizan las dos con mucho cuidado: por un lado, la lucha armada, por otro, la lucha pacífica, legal e ilegal. Si me permiten, les digo que la historia muestra que la primera es irrenunciable solamente cuando no hay otra posible alternativa. La razón es simple: la lucha armada difícilmente tiene respaldo popular si obliga a sacrificar la vida para defender la vida. La pregunta es ¿hay espacio de maniobra para una alternativa pacífica? Humildemente pienso que sí porque la democracia mexicana, a pesar de estar muy herida y violada, está en nuestro corazón, como bien demuestran sus luchas contra tantos y sucesivos fraudes electorales. Miren la experiencia del sur de Europa, donde el desespero de los jóvenes está dando lugar a innovaciones políticas interesantes, partidos-movimientos que asumen internamente los procesos de democracia participativa, donde los rostros conocidos son voceros de procesos de deliberación muy creativos en que participan miles de ciudadanos y ciudadanas. Y subrayo, ciudadanos y ciudadanas. Lamentablemente, en muchos países, y México no es excepción, las tradiciones de lucha tienen estilos bastante autoritarios, estilos machistas verticales. Hay que profundizar a ese nivel la democracia participativa, sobre todo cuando sabemos que las mujeres han sido tantas veces blancos privilegiados de los sicarios. ¿Será posible en México un nuevo partido-movimiento organizado por las jóvenes y los jóvenes? Ustedes saben la respuesta. Mejor aún, Ustedes son la respuesta. No va ser fácil porque los señores del poder van intentar criminalizar su lucha pacífica. Hay que asumir el costo de la resistencia pacífica aunque ésta sea declarada ilegal, asumir ese riesgo en nombre de la esperanza. El miedo de la ilegalidad tiene que ser enfrentado con la convicción de la ilegalidad del miedo. Ahí está la esperanza.
Un abrazo solidario.

lunes, 10 de noviembre de 2014

México SA
La nueva morada de EPN
Obra pública = corrupción
Frivolidad y ostentación
Carlos Fernández-Vega
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La esposa del presidente de México, Angélica Rivera, en la ceremonia de bienvenida a Carlos, príncipe de Gales, y su esposa Camila, duquesa de Cornualles, en el patio central de Palacio Nacional el pasado 3 de noviembreFoto Cristina Rodríguez
A
Enrique Peña Nieto y su círculo monárquico los mata no sólo la falta de oficio político, la ineficiencia, la corrupción y la voracidad, sino las revistas del corazón. En esos pasquines ellos y sus familias impúdicamente se exhiben, con la frivolidad y el egocentrismo de Angélica Rivera en primera línea.
Les fascina aparecer –no gratuitamente, desde luego, que para eso está el erario– en las portadas deHola!, Quién, Caras, Mari Claire y suplementos sociales, donde hacen gala de sus lujos y abundancias en un país en el que oficialmente una cuarta parte de su población no tiene qué comer, más de la mitad es pobre y sólo 19 de cada 100 habitantes son clasificados como socialmente no vulnerables.
Allá por 1979 la revista estadunidense Town & Countryexhibió en su portada a la gran burguesía regiomontana, la dueña de este país, quien hacía alarde de su cercanía con el poder político, sus voluminosas fortunas y lujos que incluían enormes mansiones, yates, vestuarios, joyas y no pocas piezas de cacería, entre otras caprichos.
Ahora quienes sin pudor alguno se exhiben en esos pasquines son los integrantes de la familia política mexicana, y en esas artes la esposa del inquilino de Los Pinos se pinta sola. Lo mismo aparece en las revistas del corazón (algo que nunca logró como personal de Televisa) con carísima vestimenta y joyería de firma, que en pleno modelaje en la residencia oficial de Los Pinos o narrando lo bien que administra sus bienes inmuebles, sin olvidar sus viajes relámpago, con todo y familia, más Estado Mayor Presidencial, a conciertos musicales en la capital española, al partido México-Croacia en el Mundial Brasil 2014 o a Roma para besarle la mano al Papa Francisco, entre tantos otros.
La revista española Hola! –con oficina en México– publicó una entrevista con Angélica Rivera, en la que ésta afirma que en nuestra casa llevamos una vida de lo más normal posible, les he hecho saber que Los Pinos nos será prestado sólo por seis años y que su verdadera casa, su hogar, es ésta donde hemos hecho este reportaje. Pero resulta que la casa, en las Lomas de Chapultepec con un valor estimado en 95 millones de pesos y en la que también vive el marido, es propiedad de una de las empresas ganadoras de la licitación original (50 mil millones de pesos, más o menos) del tren de alta velocidad México-Querétaro, que fue cancelada para lanzar otra convocatoria, en la que casualmente volverá a participar esa misma empresa.
Lo anterior dio pie a una investigación periodística del equipo de Carmen Aristegui (publicada ayer por La Jornada), la cual documentó que la casa de La Palma, que no está incluida en la declaración patrimonial pública del presidente Peña Nieto, está interconectada con otra residencia ubicada a espaldas, en la calle de Paseo de las Palmas 125, Lomas de Chapultepec, que pertenece a Angélica Rivera de Peña. De esa propiedad salió la pareja cuando el presidente Peña Nieto tomó posesión del cargo el primero de diciembre de 2012, de acuerdo con los documentos en poder del equipo de investigación de la periodista Carmen Aristegui. El Estado Mayor Presidencial, el cuerpo militar de élite responsable de la seguridad del Presidente y su familia, confirmó oficialmente al equipo de periodistas que custodia la casa de Sierra Gorda 150.
Así, Angélica Rivera se exhibe y hace lo propio con su marido y el gobierno que dice presidir, que no es otro que el inquilino de Los Pinos, quien a los mexicanos prometiócombatir la corrupción. Y como dicen los clásicos, el ejemplo empieza por casa, aunque todo indica que la familia presidencial lo entendió exactamente al revés. Ello aunado a la incontinencia de aparecer en los medios de comunicación, dondesalvan a México, modelan, narran lo simpático que es el Papa, hablan de sus extensas propiedades, se presentan como una mujer muy amada por un hombre que me hace sentir protegida y querida como no lo había sentido nunca antes, pregonan el fin de cursos de la princesa anti prole,redefinen el poder femenino, seatreven a soñar y/o presumen sus premios comprados (como el delministro del año).
La crónica del siempre franquista diario ABC de España presume que La Gaviota es réplica del estilo de la reina Letizia, y que la mexicana visita con frecuencia Madrid en verdaderas jornadas de compras. En nota bajo la firma de María Luisa Funes, se comenta que “no podía encontrar mejor papel a interpretar Angélica Rivera Hurtado que el de primera dama de su país. Forma con Enrique Peña Nieto una pareja de ‘bien parecidos’ que se lo trabaja para ir siempre de punta en blanco. No en vano, son conscientes de que ‘el hábito hace al monje’. En su visita oficial a España hace un año, Angélica reconoció que se inspiraba en la entonces princesa Letizia a la hora de elegir su guardarropa.
“Y hace bien, porque en el pasado, más de una vez derrapó con vestidos algo exagerados, colores poco favorecedores y mezclas que rechinaban: vestidos de patchwork, mangas abullonadas como jamones de jabugo o arco iris de colores. Tras un polémico y poco adecuado posado para una revista femenina, Angélica quizás ha comprendido que no se trata de ser la más explosiva ni la más llamativa, sino de ir de acuerdo con la situación… Desde que su marido asumió la Presidencia de Méjico (con j), Angélica ha buscado acertar en sus estilismos y para ello no ha dudado replicar algunos accesorios de Mary de Dinamarca, Catalina de Cambridge o Rania de Jordania. Pero a quien verdaderamente emula, en maquillaje, peinados, vestidos y complementos, es a doña Letizia.
“En sus viajes oficiales no ha dudado calcar los vestidos de encaje que tan de moda ha puesto la reina de España. Incluso los escotes y mangas emulan a los de doña Letizia: las mangas, extremadamente ceñidas sólo llevan encaje, quedando semitransparentes. Los escotes son de tipo ‘ilusión’, una especie de palabra de honor con el torso cubierto de blonda o muselina. Los vestidos de noche y cocktail son réplicas de los modelos de la reina”.
Y para rematar, le gustan las marcas españolas, los accesorios de empresas francesas de gran reputación y la mezcla tan abundante que encuentra en algunos centros de El Corte Inglés, que supera de lejos la oferta internacional de mejores marcas presentes en México.
Ese es el frívolo perfil de quien asegura que las necesidades de la población son nuestro motivo para trabajar en el México incluyente que queremos.
Las rebanadas del pastel
Y muy arriba de todos ellos está el México real que se desmorona política, económica y socialmente.
Twitter: @cafevega

viernes, 7 de noviembre de 2014

El caso Iguala avergüenza a la nación, afirma Narro
Pide mover los sentimientos en favor de la justicia
Dibuja ante el presidente Peña Nieto un país con graves rezagos y diferencias
Para todos esos males, la educación es el antídoto; no el viaje al progreso
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El presidente del Grupo Financiero Interacciones, Carlos Hank Rhon; el jefe del Ejecutivo federal, Enrique Peña Nieto, y el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, en la entrega del Premio Nacional de Investigación Impulso al Desarrollo de las Finanzas EstatalesFoto Guillermo Sologuren
Rosa Elvira Vargas y Roberto González Amador
 
Periódico La Jornada
Viernes 7 de noviembre de 2014, p. 2
Los hechos de violencia ocurridos en Iguala, Guerrero, hace casi siete semanas duelen y avergüenzan a la nación entera, aseguró el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles.
El rector de la máxima casa de estudios del país habló frente al presidente Enrique Peña Nieto en la entrega de premios a estudiantes de licenciatura y posgrado, y pidió hacer de la ceremonia un motivo de reflexión más que de celebración.
Que se muevan nuestros sentimientos en favor de la justicia y que se comprometa nuestra inteligencia en la búsqueda de la verdad y la superación.
También acudieron a la ceremonia los secretarios de Educación Pública, Emilio Chuayffet, y de Hacienda, Luis Videgaray; los gobernadores del estado de México y de Chiapas, Eruviel Ávila y Manuel Velasco, respectivamente, así como rectores de otras universidades, legisladores y directivos del Grupo Financiero Interacciones, institución que junto con la UNAM promovió el Premio Nacional de Investigación Impulso al Desarrollo de las Finanzas Estatales.
Ahí, y cuando en todo el país se multiplican las voces de reclamo por el paradero de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos y de justicia para las seis personas asesinadas entre el 26 y el 27 de septiembre pasado, Narro Robles calificó a México como país de contrastes, de paradojas mayúsculas. Una gran nación que vive momentos complicados, que lucha por hacer realidad sus enormes posibilidades, pero también a la que le pesan, y mucho, rezagos ancestrales y problemas exacerbados en los últimos lustros.
Es imposible, añadió, negar las disparidades del país. Se encuentran en todos los campos de la vida colectiva: el económico, el social, en la salud, la educación, el empleo, la vivienda o la calidad de vida.
Este panorama no tiene raíz reciente, dijo, ha sido parte de la realidad de siempre y ha llegado la hora de enfrentarla.
El rector Narro ubicó entonces la ceremonia como una representaciónde lo antes señalado: por una parte, asistimos con el luto de los hechos registrados hace casi siete semanas en Iguala, que afectan directamente a más de medio centenar de familias guerrerenses, pero que le duelen y avergüenzan a la nación entera.
Y al mismo tiempo se convoca para premiar el talento –seis de sendas universidades del país públicas y privadas– la búsqueda de la superación y el interés por contribuir a la solución de los problemas del país.
Antes, el doctor Narro había hecho una reflexión sobre la educación y la derivó hacia el mundo actual, donde ‘’existen trampas derivadas de la confusión de los valores laicos fundamentales’’.
Con frecuencia, apuntó, se desdibujan algunos objetivos esenciales y se pierde el norte de la existencia: los fines de la vida. Entonces, se prefiere tener que ser; se opta por estar y no por trascender; se escoge el camino del lucro en lugar del que conduce a la solidaridad; se prefiere la mejoría personal en vez del progreso colectivo.
Para todos esos males, dijo, la educación es el antídoto. No es el viaje al progreso. Es sólo el pasaje requerido para hacer la travesía y llegar a ese destino. Sin ella no hay porvenir.


El trauma de la conquista hoy
José Cueli
M
anuscrito anónimo de Tlatelolco:
En los caminos yacen dardos rotos;/ los cabellos están esparcidos./ Destechadas están las casas,/ enrojecidos tienen sus muros./ Gusanos pululaban por calles y plazas,/ y están las paredes manchadas de sesos./ Rojas están las aguas cual si las hubieran teñido,/ y si las bebemos, eran agua de salitre./ Golpeábamos los muros de adobe en nuestra ansiedad,/ y nos quedaba por herencia una red de agujeros./ En los escudos estuvo nuestro resguardo,/ pero los escudos no detienen la desolación,/ hemos masticado grama salitrosa,/ pedazos de adobe, lagartijas, ratones/ y tierra hecha polvo y aun los gusanos.
Versión de Ángel Garibay
El trauma que la conquista de México imprimió al indígena fue tan intenso que aún perdura inelaborable. El indígena perdió lengua, religión, costumbres, propiedades y acabó de esclavo, y si esto no es traumático, quién sabe qué lo sea. Apoyada por Carlos V, la conquista de México se distinguió por la brutalidad de los conquistadores. Al mando de Hernán Cortés, cuya historia parece fábula y la vida novela. Considerado un héroe en su patria, es en cambio un guerrero cruel, entre los crueles. Desembarca y prende fuego a sus naves y coloca a los expedicionarios en situación de vencer o morir. Salvo la llamada Noche tristeen que mueren 400 españoles, a los pocos días y en salvaje revancha gana la batalla de Otumba y el rey lo halaga con todo tipo de escudos y tierras.
Mi maestro Santiago Ramírez, estudioso del trauma de la conquista, cita al gran poeta español Luis Cernuda, quien dueño de una insuperable maestría, dominio de la forma, da ese toque de desgana o desilusión y pleno de significado sicológico que expresa el mismo trauma de la conquista, desde su exilio en México. Visión contraria a la de los conquistadores.
“Con sus hijos, a veces, otras solo; vendiendo algo que parece no importarle o sin pretexto para su presencia inmóvil; descalzo y en cuclillas sobre el polvo, el sombrero de paja escondiendo los ojos, donde acaso pudiera adivinarse lo que siente y lo que piensa, mírale.
“Cayeron los amos antiguos. Vencidos a su vez fueron los conquistadores. Se abatieron y se olvidaron las revoluciones. Él sigue siendo el que era; idéntico a sí mismo, deja cerrarse, sobre la agitación superficial del mundo, la haz del igual del tiempo.
“Es el hombre al que los otros pueblos llaman no civilizado. Cuánto pueden aprender de él. Ahí está. Es más que un hombre: es una decisión frente al mundo ¿Mejor? ¿Peor? Quién sabe. Tú, al menos, confiesas no saberlo. Pero allá en tus entrañas le comprendes.
“Mírale, tú que te creíste poeta, y tocas ahora en lo que paran tareas, ambiciones y creencias. A él, que nada posee, nada desea, algo más hondo le sostiene; algo que hace siglos postula tácitamente. Lástima que el azar no te hiciera nacer uno entre los suyos.
Demasiado sería pedir su descuido ante la pobreza, su indiferencia ante la desdicha, su asentamiento ante la muerte. Pero gracias, Señor, por haberlo creado y salvado, gracias por dejarnos ver todavía alguien para quien Tu mundo no es una feria demente ni un carnaval estúpido.
Citado a su vez por Santiago Ramírez, Pérez Martínez afirma que la norma espectral del indígena modela al conquistador. Si éste subyuga el cuerpo de los hombres de la tribu sucumbe a su espíritu. Cuando las ideas entran en conflicto se afirma la claridad de ese destino. Cortés y Cuauhtémoc se animan y reanudan su batalla secular. El cuerpo de Cortés caído en sedas y desgracias. Cuauhtémoc vuelto cenizas en la selva forma nuestra epopeya. Hombres de dos mundos en nosotros se concilian y luchan. Tal es nuestra estirpe. Y a tal linaje tal escudo.
¿Y los estudiantes de Ayotzinapa? ¿Dónde?